Más adelante, ya en tierras castellanas, igualmente verdes, era una delicia ver sobresalir las espadañas de las iglesias coronadas por los nidos de las cigüeñas. Todo ello resultaba excitante a medida que te aproximabas al comienzo de la ruta. Era como salir al encuentro de la persona deseada, ir a compartir lo que la naturaleza ofrece y lo que tus sentidos están dispuestos a captar. En esta ocasión, el tramo tiene el valor añadido de estar en recuperación, por el que ya transitaron los primeros peregrinos, antes de que los árabes fueran rechazados a las llanuras manchegas, y se pusiera en franquicia el llamado Camino Francés.
El tramo escogido se inicia en Bilbao, continua por Alonsótegui, Güeñes, Balmaseda, Nava de Ordunte, Espinosa de los Monteros, Sotoscueva, Pedrosa, finalizando en Arija, a orillas del pantano del Ebro. En total 130 Kms. atravesando el Valle de Mena, las Merindades, Ojo Guareña, parajes todos ellos que no envidian a ningún otro, tanto de casa como foráneo.
El río Cadagua nos va marcando la ruta, por tierras vizcaínas. Nos brinda parajes como los de la Torre Terreros; baña monumentos como la Iglesia de Santa María de Güeñes, el Puente del Diablo, de Balmaseda, adentrándose en el Valle de Mena, de incomparable belleza y ya en tierras burgalesas, flanqueado por la cordillera de la Peña y su sugestiva Aguja del Fraile, hasta llegar a la Merindad de Sotoscueva y quedar impresionados por la majestuosidad de Ojo Guareña. Antes habremos pasado por otro paraje natural, remanso de paz, que es el Pantano de Ordunte, del cual beben los bilbaínos y sus vecinos.
En nuestro caminar, después de bordear el mencionado pantano, atravesamos diversos bosques de abetos, de robledales, a medio vestir con el incipiente traje estacional; atravesamos prados, con cancelas que hay que abrir y cerrar con atadijos primitivos, entretenidos porque hay que deshacer nudos mal hechos y no está el cuerpo para florituras a esas alturas. Menos mal que el verde, salpicado de mil florecillas, alivia del calor que nos rodea ese día. Calor de mal agüero, pues en las cercanías de Espinosa y sobre ella, se empezaron a cernir nubes de mal presagio, tan malo que hubo que sacar chubasquero y calzar los palos con gomas por precaución . Efectivamente, los malos presagios, avalados por el olor a tierra mojada que me llegaba a lomos de las ráfagas de un viento helado, se cumplieron, empezando a jarrear....En medio del sendero, sin nada a la vista donde cobijarse, justo en ese momento se produjo el milagro jacobeo que todos los peregrinos hemos disfrutado en un momento u otro del Camino....Apareció un 4x4 que ofreció su solidaria ayuda, brindándose a dejarme en la puerta del Albergue. En el momento que subía la mochila, empezó a granizar, con piedras del tamaño de una avellana. Mala cobertura habría tenido, de no haberse producido este oportuno encuentro....
.
Y llegó el día siguiente, y con él nuevos pasos que dar en dirección a Ojo Guareña. El día se presenta entreverado, y las previsiones coinciden con el aspecto, esto es nublado con posibilidades de lluvia y cierta bajada de temperatura....Bien, es el mejor tiempo para caminar, me digo, y con las mismas enfilo la estrecha senda que va bordeando los campos, flanqueados con las montañas grises que nos vienen acompañando desde Villasana. En las cercanías de Para, observamos una reunión "quijotesca": dos aldeanos mantenían una conversación, uno desde la altura de su jumento asnal y el otro pie a tierra. A medida que me iba acercando observe que llevaba, a modo de alforjas, cántaras metálicas de leche. Saludé, fuí correspondido y preguntado que a dónde iba. Manifesté mi propósito, riéndose ellos; aproveché para preguntar por el contenido de las cántaras. Se me contestó que leche, y al intentar inmortalizar la estampa, mi sorpresa fue ver cómo el aldeano espoleaba al jumento y salía disparado, en manifiesta huida.....Le pregunté al que quedaba, qué significaba esa conducta y me contestó que no le gustaban las fotos.....Mi sospecha es que estaba de reparto por las casas de los alrededores y no deseaba ser identificado....Me despedí entre risas y buenos deseos y fuí pensando para mi que de buena gana le hubiera pedido un vasito de esa leche sin tratar, pero sana a buen seguro, y alimenticia, como la que todavía recuerdo tomaba de chico y no de tan chico, que cuando la hervías se le dibujaban círculos de grasa...Hoy a saber a que llamamos leche.
Los pueblos que voy atravesando son de escasos habitantes, sin bares, con lo que la sensación de soledad aún se acentúa más. Comentado ese extremo en Quintanilla, donde un lugareño me abre el Centro Social y Escuela para descansar y tomar un refrigerio, asegura que esa es la forma de matar un pueblo antes de que se mueran sus habitantes, todos mayores o jubilados....Triste panorama nos presenta, pero con cierto optimismo ya que no acepta tal destino, cambiándolo por un "Ya veremos...las cosas pueden cambiar..." Para mi, magnífica lección de sabiduría....
calzada romana, la cual da acceso al centro del pueblo, donde, ¡oh milagro! hay un bar abierto.....Casi ni me doy cuenta de que en la plaza esta la Iglesia de Santiago Apóstol, pero es que son las cuatro de la tarde y las fuerzas están a punto de fallar....todavía quedan 4Kms hasta Sotoscueva.
El Albergue, ubicado en las antiguas escuelas con el aditamento de cuatro cabañas de madera con diez plazas en cada una, brinda su calidez. Me sorprende lo bien montadas que están, y lo bien que funcionan todos los servicios, sobre todo los de agua caliente con duchas actuales. Este es otro pueblo que tuvo su tiempo de explendor cuando funcionaba a pleno rendimiento la fabrica de vidrios Saint Gobain. Hoy la producción la han trasladado a otro lugar. Del pantano extraen una arenilla, silice, que la utilizan para la fabricación de cristales.
Y llegó el día siguiente, y con él nuevos pasos que dar en dirección a Ojo Guareña. El día se presenta entreverado, y las previsiones coinciden con el aspecto, esto es nublado con posibilidades de lluvia y cierta bajada de temperatura....Bien, es el mejor tiempo para caminar, me digo, y con las mismas enfilo la estrecha senda que va bordeando los campos, flanqueados con las montañas grises que nos vienen acompañando desde Villasana. En las cercanías de Para, observamos una reunión "quijotesca": dos aldeanos mantenían una conversación, uno desde la altura de su jumento asnal y el otro pie a tierra. A medida que me iba acercando observe que llevaba, a modo de alforjas, cántaras metálicas de leche. Saludé, fuí correspondido y preguntado que a dónde iba. Manifesté mi propósito, riéndose ellos; aproveché para preguntar por el contenido de las cántaras. Se me contestó que leche, y al intentar inmortalizar la estampa, mi sorpresa fue ver cómo el aldeano espoleaba al jumento y salía disparado, en manifiesta huida.....Le pregunté al que quedaba, qué significaba esa conducta y me contestó que no le gustaban las fotos.....Mi sospecha es que estaba de reparto por las casas de los alrededores y no deseaba ser identificado....Me despedí entre risas y buenos deseos y fuí pensando para mi que de buena gana le hubiera pedido un vasito de esa leche sin tratar, pero sana a buen seguro, y alimenticia, como la que todavía recuerdo tomaba de chico y no de tan chico, que cuando la hervías se le dibujaban círculos de grasa...Hoy a saber a que llamamos leche.
Los pueblos que voy atravesando son de escasos habitantes, sin bares, con lo que la sensación de soledad aún se acentúa más. Comentado ese extremo en Quintanilla, donde un lugareño me abre el Centro Social y Escuela para descansar y tomar un refrigerio, asegura que esa es la forma de matar un pueblo antes de que se mueran sus habitantes, todos mayores o jubilados....Triste panorama nos presenta, pero con cierto optimismo ya que no acepta tal destino, cambiándolo por un "Ya veremos...las cosas pueden cambiar..." Para mi, magnífica lección de sabiduría....
Con mis pensamientos y otros muchos que el camino propicia llegamos al Centro de Interpretación de Ojo Guareña, puerta de entrada a un territorio lleno de arboles como un Jardín Botánico, cruzado de puentes de madera como un Jardín Japones, y pasarelas para cruzar la vía del FEVE. Empieza un sube y baja para salvar las vaguadas por donde discurren los arroyos, siete u ocho, que te ponen a prueba las piernas y el ánimo. Si será agotador que en un paraje, al doblar un recodo de la senda, algún bienintencionado dejo avío para descansar al pie de un venerable y prolífico castaño..... Después de descansar y saborear el entorno, continuo la marcha por el monte, cruzando las últimas vaguadas; finalmente aparece Quisicedo, pueblo que luce los restos de una
El Bar esta repleto de paisanos, tomándose su cafetillo, cambiado impresiones; otros, preparando una reunión gastronómica para esa noche.....Más tarde, mientras doy cuenta de un plato de jamón y queso y buen tinto de verano aparecen los abuelos, preparándose para la partida de la tarde....hay buen rollo entre todos los parroquianos y eso hace que el alma se reconforte y sea propicia al cambio de impresiones ya que no es frecuente el paso de peregrinos, precisamente por ser camino en recuperación, y eso les llama la atención.
Con la voluntad más firme y las fuerzas algo más recuperadas, oriento mis pasos hacia las flechas que marcan la ruta que se introduce de nuevo por los bosques de robledales, que se me antojan eternos por lo largos que son. A mitad, un cartel indica que a 300 metros existen tumbas antropomórficas, supuestamente de vascones, primeros pobladores de estas tierras. Y actuales, a pesar de estar en Burgos....solo hay que oir hablar y ver las matriculas de los coches.... Entre yo y las tumbas, además de los metros, ganado vacuno y caballos acaban de quitarme las pocas ganas de sumar más metros a los que ya tengo hechos, por lo que las dejo tranquilas para otro que su curiosidad sea superior. Finalmente, cruzando la via y siguiendo la carretera, Sotoscueva hace su aparición, en bendita hora. El Bar, está abierto y además tiene habitaciones disponibles, con lo que cerramos trato rapidamente y dedico toda mi atención a recomponer el cuerpo bajo una ducha caliente y una siesta reparadora.
Amanece otro dia, éste gris sin remedio. Las montañas, con las nubes hechas jirones por las laderas. El cuerpo acusa la caminata y decido dedicarlo a ver Ojo Guareña, que está a unos tres Km.de donde he dormido. Desayuno, y caminando sin prisas me acerco hasta la entrada de la cueva, donde dan paso para la visita turística. Junto con otros, nos introducen en las cavidades, nos pasan un video muy bien presentado sobre sus origenes y recorremos varias salas, hasta llegar al eremitorio donde los Santos Tirso y Bernabe vivieron. Hasta hace relativamente poco ahi estaba el Salón de Actos del Ayuntamiento y aún conservan los libros de Actas....A la salida recorro una estrecha senda que va bajando hasta depositar al paseante al pie de otro pueblin llamado Cueva, bordeando un arroyo con abundante agua que me hace recordar lo agradecido que será el lugar en plena canícula.....A todo esto se ha hecho la hora de comer.
Las noticias alertan de que llega cambio de tiempo, con bajada de temperaturas e incluso nevadas, lo que me hace acelerar la llegada a Arija cuanto antes para no perder la oportunidad de contemplar el pantano del Ebro. Merece la pena. Este año rebosa agua, tiene hasta oleaje, lástima que todo su entorno este rodeado de nubes grises y sople un aire nada placentero.
Aqui decido dar por terminado este tramo.
Releyendo lo escrito y comparándolo con el de primeros de Marzo, noto que en aquel me detuve menos en los detalles. Este me ha salido muy detallista, a mi entender. Lo achaco a que en aquella ocasión el frio me hacia volar, mientras que en esta otra ocasión, la bonanza del tiempo hace detenerte más y saborear los mil y un detalles que la nueva estación va ofreciendo. Eso hace que el caminar, por otra parte, sea un acto placentero, que los que no lo practican, no lo entienden. Diriase que tienen miedo a encontrarse solos. Creo que eso les ocurre a los que se ponen como objetivo llegar, cuando lo correcto es pasar, FLUIR en armonía con lo que te rodea.....
Hasta la próxima amigos...Continua en CAMINO VIEJO (II)