Estoy a punto de reiniciar el camino que dejé en Boñar. Como si fuera la primera vez, vuelvo a sentir el cosquilleo que precede al inicio de un nuevo reto. Se que descubriré nuevos horizontes, con otros perfiles; texturas, que a través del tacto, de la piel, dejarán sensaciones que darán origen a emociones, nuevas o ya conocidas pero que unidas a otros sonidos, sabores u olores, dan sentido a la vida.
No es infrecuente que me lleguen comentarios referentes a personas cuyo horizonte se circunscribe a lo cotidiano, alabando lo bien que les ha sentado un viaje, una nueva ocupación o una nueva actividad en suma. Pienso que en realidad somos como niños hasta que acabamos nuestra peripecia vital. Si nos mantenemos vivos, no al modo de los vegetales, es gracias a nuestra capacidad para interactuar con lo que nos rodea: con los objetos, con los seres vivos, con la imaginación. En la medida que somos capaces de descubrir un camino nuevo, una experiencia, una ocurrencia que nos sorprenda, nos sentiremos ilusionados y animados a iniciar nuevos proyectos, sobrellevando, conciliando, los fracasos y triunfos que cada una de las actividades nos proporciona.
Y si retrocedes con la imaginación, es como si estuvieras en un túnel del tiempo por el que se deslizan todos los recuerdos raudos hacia atrás, relentizándose el tiempo hacia adelante. Lo cotidiano nos mata, se llame hijos, nietos, pareja, amigos si todo ello no se adereza con unas gotas de aventura, sorpresa, capacidad de decisión, ejerciendo un cierto liderazgo sobre tu entorno en definitiva.
Cada uno encuentra su bálsamo. Yo en las rutas, como esta que he finalizado hace unos días, continuación de las anteriores que forman este Viejo Camino Jacobeo y que ya va tocando a su fin.
En esta ocasión las tierras mineras de León han sido testigo de mi paso. Desde Boñar y hasta La Robla es una sucesión de pueblines, unidos todos ellos por el FEVE, infraestructura que los vertebra y de la que corren rumores de posible desaparición por falta de viajeros. El abandono de la minería está condenando a todas estas comarcas a la desertización.
| Cementera y Térmica, en La Robla. |
| Destrucción del paisaje |
En esta nueva andadura merece la pena destacar los paisajes hasta llegar a La Robla, donde cruza el Camino del Salvador, cuya reseña puede encontrarse en la entrada de fecha 01.06.2008 y siguientes, de esta Bitácora.. Han inaugurado un magnifico Albergue, con literas que permiten sentarse sin tropezar con la superior.....
En estos cinco años transcurridos desde mi anterior paso han mejorado los accesos a la población, pero esta se ve empobrecida, por la crisis, por la falta de trabajo o por las dos cosas a la vez. Prueba de ello es que solo existe un restaurante en la plaza. Los demás, los abiertos, son bares con plancha a lo sumo. Y bastantes han cerrado
De este tramo cabe destacar la elevada proporción de carretera a la que se condena al senderista que la recorre.
| Otero de Curueño. Palacio blasonado |
Saliendo de La Robla, cruzando un puente, se llega a Llanos de Alba, en cuyo termino existen las ruinas del que fue uno de los primeros castillos de Leon, hoy en trance de desaparicion por estar situado en zona de explotacion de canteras para la cementera proxima. Para mejor conocer la situacion no me resisto a insertar el siguiente video:
De ahí en adelante más de lo mismo......carretera y asfalto con pocas excepciones, hasta llegar a Otero de las Dueñas, donde un vecino amable indica que no tienen nada abierto en la actualidad, ya que el pueblo esta compartido con La Magdalena y Canales, todos seguidos. Fuera del núcleo urbano de Otero si que hay un importante establecimiento hostelero y más adelante otro de menos estrellas, separados por unos dos kms. Siguiendo la carretera encontraremos ¡una churrería! además de bar-cafetería, pero no se os ocurra pedir tostadas, ¡solo tienen churros!...
Reanudando la marcha, encaramos de nuevo la carretera en dirección a Riello. No hay nada destacable salvo la fabrica de áridos de Soto y Amio. Los pueblos son escasos y pequeños, lo que hace mas destacable la singularidad de Riello, rodeado de montes, verdes y boscosos, con casas de piedra y de veraneo, y con un marcado movimiento de gentes, mas concretado hacia la hora de comer, lo que permite que sus dos restaurantes se llenen, y, aún, pienso que alguna reserva deben de hacer. El hecho de estar cerca del Ayuntamiento,
| Ayuntamiento de Riello |
Otra singularidad es que sus dos tiendas de comestibles están situadas en los limites del núcleo urbano, una a cada extremo.
Tuve ocasión de departir con unos vecinos, sobre las bondades de la población, abundándome sobre la precariedad a la que se ve abocada toda la zona ya que escasea o, directamente, no existe, trabajo para la juventud, viéndose obligada a marchar a León, Madrid u otros destinos.
El turismo es muy estacional. Las contadas Casas Rurales existen más como ayuda puntual a la economía familiar que como negocio. En Pandorado, núcleo cercano, existe un complejo hotelero que se abre muy puntualmente para atender bodas o celebraciones extraordinarias. La inversión ha debido ser cuantiosa, pero su rentabilidad nula por falta de asistencia continuada. Igual suerte a corrido una Gasolinera cercana, cerrada desde hace dos años.
Cierta nota de desesperanza es la que domina a lo largo de todo el trayecto que voy recorriendo. Predomina la gente mayor, la juventud brilla, ciertamente, por su ausencia, y todo esa situación se traduce en horizontes cerrados o cargados de incógnitas..
Confió en que la próxima entrada sea ya la última. Ya habré acabado este Camino. Y espero que esos horizontes arrojen otra luz más prometedora.
(No dejeis de ver las entradas I. II. III, y IV si quereis conocer todo el Camino)