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jueves, 14 de febrero de 2008

RECUERDOS.....

Me acuerdo del último Instituto que asistí antes de incorporarme al mundo laboral. Era un colegio de fachada pétrea, gris, negruzca....bien pudo haber sido un cuartel en algún uso anterior. Disponía de un gran patio central, rodeado de paredes que algún día fueron encaladas, coronadas por alambradas que impedían que las pelotas se escaparan a la calle y daban apoyo a los gorriones que vigilaban las migas caidas.

En ese patio desarrollábamos las clases de gimnasia, cebrábamos las fiestas oficiales, perfectamente alineados, con la mirada al frente mientras cantábamos el himno del Instituto y veiamos izar la Bandera. Ese patio me fascinaba. Cuando nos juntábamos todas las clases, a disfrutar del recreo, en quince minutos jugábamos un partidillo; cambiábamos cromos, tebeos y veiamos apresuradamente "Paris-Hollywood"; apañábamos citas para ir a los sitios prohibidos, a la salida; nos ajustábamos las cuentas en alguna esquina, rodeados de excitados compañeros que nos tapaban de los celosos ojos vigilantes de los bedeles, embutidos en grises guardapolvos para pasar mas desapercibidos, ¡eso se creian ellos...! Y todo eso en medio de un ensordecedor griterío que cesaba de golpe en cuanto sonaban los pitos... y la voz "¡a formar!". No se que era peor, si oir la algarabía de 150 voces juveniles, o soportar el silencio, sudoroso, jadeante, previo al retorno a las clases. Había días, los soleados sobretodo, que el alma se me iba detrás de los muros, a buscar los árboles de la avenida, donde los pájaros rivalizaban con nosotros en su griterio, pero en libertad.

Me acuerdo de los olores que me llegaban, sobre todo a humedad, a musgo de ladrillo envejecido por la intemperie, a riegos diarios. Pocas veces eran de colonia, como mucho de Heno de Právia o Lavanda; los más eran de humanidad, que se acentuaba a medida que iba avanzando la semana.

No eran tiempos fáciles, no. Eran tiempos de carencias, pero tambien de esperanzas.

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